lunes, 12 de diciembre de 2011

Silenciador.

Dicen que puedes enamorar con la mirada y así conseguir todo lo que quieres, aunque si tienes una pistola y sabes como usarla creo que el resultado será el mismo. Puede, incluso, que sea todo más rápido. Como cada viernes me acerqué a ese pobre hombre de traje caro. Una mirada, simular vergüenza, ya era mio. Sus ojos brillaban cuando me siguió a la pequeña plaza del jardín de aquella mansión, pero empezaron a brillar todavía más cuando vio lo pulida que estaba el arma y a mi empuñándola. No sonó nada en la plaza. El silenciador habia hecho su función. Recogí su cartera y me fui. El vestido era de seda. Resbalaba con la piel. No hacia ruido. Todo era silencio.

Shit.

Y es que no se ni para que me esfuerzo. Si luego lo único que consigo son gritos.

lunes, 24 de octubre de 2011

Silueta.

Siempre que levanto la vista del papel y miró allá a lo lejos, mis ojos recorren rutinarios ese pequeño hueco de acera que se ven entre los árboles que pertenece a la plaza de Juan XXIII.
Siempre que miro hay una sombra de una silueta anciana parada en ella. Me gustaría conocerla. Me gustaría preguntarla si se siente sola.

jueves, 20 de octubre de 2011

Sorpresas

Y todo el mundo se sorprendió al encontrar a la chica del paraguas verde debajo del puente. Bueno, no todo el mundo, el chico de la camiseta de rayas no lo hizo. No tenía sentido sorprenderse, según él, era una perdida de tiempo.
Ya sabía que ella iba a estar ahí. Era la novia del mafias. El hombre que acababan de asesinar y que ahora estaba a los pies de la chica.
Se debía haber cansado de él. Normal. Él era un mafias y ella una panadera de pueblo. Una panadera no podía hablar de nuevas recetas con alguien que era un mafias... Alguien a quien no le importaba nada más que la sangre no le manchara el dobladillo de sus pantalones de pana, no iba a tener conversaciones sobre como hacer una tarta más sabrosa...
El chico de rayas asintió para sí mismo. Si, él hubiera hecho lo mismo.
Estaba empezando a llover y la chica del paraguas verde no abría el suyo. El chico se acercó a ella y se fijó en que su vestido rojo tenía manchas más oscuras cerca de las rodillas. La chica del paraguas estaba algo pálida, pero no lo pudo confirmar del todo ya que su piel siempre había sido muy blanca.
-Hola.- saludó la chica al presunto desconocido de rayas.
-Hola ¿Por qué lo has matado?- contestó poniéndose en cuclillas para poder ver mejor al mafias muerto.
-No sé. Él era muy aburrido. No le gustaban los chistes y no comía pasteles. Yo creo que ahora está mucho mejor muerto. ¿No crees?
- Hum..- el chico se lo pensó un rato. Dándose aires de importancia al ver que la chica le observaba esperando una respuesta. - Si, yo creo que así está mucho mejor. Aunque ahora esta manchando un poco la calle. Si quieres te ayudo a limpiar.- se ofreció. Le habían enseñado a ser educado desde muy pequeño.
- No gracias, ahora tengo hambre.- la chica del paraguas verde hizo una pausa y prosiguió.- Haré un pastel.Ven conmigo. En la cocina con el horno nunca hace frío.
La chica del paraguas verde comenzó a andar y se giró para ver si el chico la seguía.
- Me gusta tu camiseta. Es de rayas. Me gustan las rayas.- le dijo esperándole.
El chico se sonrojó y se colocó mejor el cuello de la camiseta.
- A mi me gusta tu paraguas. El verde es mi color favorito.- dijo mientras comenzaba a caminar con ella, alejándose del mafias muerto,mientras pasaban a través del pequeño corro de gente que les rodeaba y les miraba con miedo.

Memories

Tengo un recuerdo que casi parece que lo viviera ayer. Estaba en la cama de esa vieja y casi destartalada litera que había en el cuarto de coser. Yo era pequeña y ni aún poniéndome de puntillas sobre la cama de abajo podía llegar a la parte superior de la litera. No se cómo no me daba miedo esa habitación. Era oscura y se oían los pasos sigilosos de los gatos al otro lado de la ventana.
 Como cada noche ella venía y se recostaba a los pies de mi cama. Su voz pausada y llena de misterio comenzaba a contar un cuento. No quería dormirme mientras ella hablaba. Abría bien los ojos y abrazaba a ese peluche al que perdí de vista hace mucho. Ella hablaba y hablaba. Contándome historias sobre animales inteligentes o sobre alguna princesa que otra. No paraba hasta que su voz se veía interrumpida por algún improvisado bostezo y ya llegaba el momento de irse a dormir. Recuerdo que todas las noches se oían los pasos de él al otro lado de la puerta acompañados por los arrítmicos pasos de esos perros que nunca le dejaban solo.

Inability


Y no entiendo cómo es posible. No entiendo como puede ser que un simple roce, una simple caricia enganche de este modo. Y como de repente, mire a todo con miedo. Con miedo de que desaparezcas y que esa caricia tan leve que solo se produce casi de forma casual desaparezca y solo pueda verte. Solo verte… y no poder alcanzarte…