Letras que leídas forman sonidos. Sonidos que unidos dan lugar a palabras. Palabras gritadas al viento, pero por un capricho llegan a tus oídos. Hacen daño. Te provoca más dolor que un puñetazo. Y no es rápido. Tu cerebro lo repite hasta que logras reconocer cada letra silabeada. Cada susurro. Cada sentimiento. Cada intención. Convirtiéndolo en un asqueroso estruendo en tu cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario