viernes, 26 de agosto de 2011

¿?

Una caja.. Curioso ¿no?. Aunque más bien parece una broma de mal gusto.. Que una simple caja acabe con todas mis murallas.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Aparentar ser adulta es demasiado duro.

Y aqui vuelve otra vez, esa sensación de impotencia. De intentar pensar que no es real. Que no esta pasando. Me he mentido muchas veces y luego así me pasa, que me pilla por sorpresa y caigo al suelo, olvidando cómo levantarme. ¿Cuantas veces me he derrumbado en esa puerta? ¿Cuántas lagrimas furtivas han caído al suelo, pero al más mínimo sonido de vida se evaporaban,desapareciendo, convirtiéndome en su único testigo de existencia?

miércoles, 17 de agosto de 2011

Shh

La verdad es que la habitación debería estar a oscuras pero la luz de la ciudad entra por la ventana abierta haciendo que esté iluminada. No consigo dormir. Otra noche igual en la que lo único que puedo hacer es jugar con las sombras y disfrutar de conciertos privados en mis oídos.
El viento mueve la persiana, poniéndome alerta. No quiero que ellos se enteren de que no duermo, de que llevo días sin pegar ojo.


viernes, 12 de agosto de 2011

Velocidad

A él le gustaban las cosas bien hechas y rápidas. Si, sobretodo le encantaba que todo fuera rápido. Se tiraba horas en su butaca de playa mirando a la carretera, viendo en un segundo coches que no iban a volver a pasar. Decía que le relajaba. Yo le creía. ¿Por qué no hacerlo? Nunca le veía tan humano salvo en esos momentos en los que se sentaba en esa butaca y veía pasar veloces colores metalizados y oía el rugido de los motores.

Un día estábamos en una pequeña gasolinera. Teníamos que repostar. No había nadie. Asique él estaba contento. “Todo velocidad”, no paraba de repetir con una sonrisa de oreja a oreja haciendo que se viera su diente picado. Se adentró dentro de la tienda a pagar mientras yo le esperaba en el coche. Veía todo a través de la pared acristalada. Una mujer ya mayor le iba a atender. Vi como él le daba el dinero en calderilla. La pobre mujer empezó a contar una a una las monedas.No debía ver bien. Vi como él comenzaba a tocarse mucho el cuello. Primer indicio de nerviosismo. Ella iba lenta. “¡Más rápido!” gritó.Incluso aunque él estuviera dentro y yo estuviera fuera con todas las puertas y ventanillas del coche cerradas pude oir su grito. “No lo hagas… nos retrasaría… “pensé, fui saliendo del coche. Intentaría relajarle. Teníamos que irnos de ahí cuanto antes. La policía nos buscaba

Cerré de golpe la puerta del coche. El sonido hizo que él se girara. Su cara estaba pálida y sus ojos ya habían perdido todo brillo humano. Reconocía ese momento. Corrí hacia él intentando pararle. Pero él ya había sacado la pistola. No dio tiempo a la señora a levantar la cabeza del mostrador. ¡PUM! Sonó en la tienda. Yo acaba de abrir la puerta. Me quedé paralizado viendo la sangre que caía del mostrador. Él seguía con la pistola en la mano. Nervioso, sacó un pañuelo de su bolsillo y comenzó a pulir la superficie de metal de la pistola. “Las cosas tienen que ser rápidas. ¿Verdad que sí? Si… tienen que ser rápidas…” le oí decir. Me acerqué a él. Aún podía sentir en el aire el calor de por donde había pasado la bala. Otro asesinato más. Nos estábamos retrasando. Le cogí por el hombro y le metí en el coche. Aún quedaba camino. Él iba tranquilo. Mirando por la ventanilla los coches que dejábamos atrás en la carretera. Íbamos rápidos. Él estaba tranquilo…

viernes, 5 de agosto de 2011

tickling

Notaba en mi piel el cosquilleo que siempre aparece antes de que tu puño diera en aquel jarrón que siempre cobraba las culpas. Notaba en mi cuello desnudo alguna que otra ráfaga de viento que pasaba por la ventana. Engatusándome. Haciéndome desear que viera desde fuera del cristal la tormenta que se avecinaba. Un relámpago iluminó mi habitación, o lo que quedaba de ella, ya que lo único que todavía tenía forma era la cómoda que estaba atrancando la puerta. Los gritos pidiéndome que abriera la puerta habían cesado hace unos minutos.

Salí a la terraza. Era pequeña y estaba sucia, llena de polvo y de ramas extraviadas. La barandilla era de ladrillo y daba a una altura de 2 pisos. Me senté en ella y cerré los ojos. Oía los truenos y la lluvia a lo lejos. El moño improvisado se deshizo. El viento comenzó a enredarme el pelo. La lluvia, que ya me alcanzaba, lo convertía en algo pesado, molesto. Me lo eché a un lado y miré a mi alrededor. Los gritos habían vuelto a inundar el piso.

El cosquilleo comenzó desde los dedos de los pies hasta la nuca. Con el vello en punta me puse de pie. Abajo había otra terraza sobresaliendo y de esa se podía saltar a ese balcón… No tenía nada que perder. Salté. Ningún sentimiento de adrenalina me embargó. La había gastado toda. Solo sentía la brisa en mi pelo, y el cosquilleo de siempre. Ese al que hacía unos días que ya me había acostumbrado. Toqué suelo. El golpe de la caída no hizo que me deteniera. No miré atrás. Comencé a correr… y desaparecí entre las calles.

jueves, 4 de agosto de 2011

Silencio.

Después de 2 años viviendo dentro de ese edificio blanco de paredes acolchadas y vigilado por cámaras, había llegado el día de mi liberación.
La calle no había cambiado tanto como esperaba. Me metí en una nube de tabaco con forma de bar añejo. No había nadie dentro salvo un viejo y desfasado camarero al que califiqué como el dueño de aquel antro.
Me senté en la barra y pedí una cerveza. El sitio era silencioso, algo que necesitaba después de haber estado rodeada de locos.
El dueño me empezó a dar conversación. Su aliento, de olor a cerveza agria y a tabaco negro empezó a marearme. Cogí mi botella de cerveza y vacié el contenido en el vaso de cristal. Dí un trago. Estaba helada. Me relamí los labios. Cogí la botella, ahora vacía y mientras él seguía hablando se la estampé en la cabeza. Su cara se quedó en una mueca perpetua de sorpresa.
Me fijé en que estaba manchando la barra. Lo empujé y cayó al suelo.
Hacía calor y la cerveza estaba helada. Por fin silencio...

martes, 2 de agosto de 2011

Sueños.

Hay lugares a los que solo podemos ir nosotros solos, no se necesita dinero, no se necesita medio de transporte. Solo hace falta estar tranquilo, olvidarte de todo y crear una nueva vida en lo alto de las nubes, donde el sol se sigue aun viendo lejano y el suelo casi no se distingue del mar si no es por el color.
Un lugar que solo es tuyo, un lugar que para ti esta cerca y para los demás inaccesible. Un lugar el donde tu pones las reglas y te dejas llevar, ya que en ese sitio nada puede salir mal.
Pero ten cuidado. Tienes una vida real. No te dejes enganchar. Baja y toca el suelo. No mires arriba sino hacia delante. Descubriendo lo que todavía no conoces. No tengas miedo. Se valiente.