A él le gustaban las cosas bien hechas y rápidas. Si, sobretodo le encantaba que todo fuera rápido. Se tiraba horas en su butaca de playa mirando a la carretera, viendo en un segundo coches que no iban a volver a pasar. Decía que le relajaba. Yo le creía. ¿Por qué no hacerlo? Nunca le veía tan humano salvo en esos momentos en los que se sentaba en esa butaca y veía pasar veloces colores metalizados y oía el rugido de los motores.
Un día estábamos en una pequeña gasolinera. Teníamos que repostar. No había nadie. Asique él estaba contento. “Todo velocidad”, no paraba de repetir con una sonrisa de oreja a oreja haciendo que se viera su diente picado. Se adentró dentro de la tienda a pagar mientras yo le esperaba en el coche. Veía todo a través de la pared acristalada. Una mujer ya mayor le iba a atender. Vi como él le daba el dinero en calderilla. La pobre mujer empezó a contar una a una las monedas.No debía ver bien. Vi como él comenzaba a tocarse mucho el cuello. Primer indicio de nerviosismo. Ella iba lenta. “¡Más rápido!” gritó.Incluso aunque él estuviera dentro y yo estuviera fuera con todas las puertas y ventanillas del coche cerradas pude oir su grito. “No lo hagas… nos retrasaría… “pensé, fui saliendo del coche. Intentaría relajarle. Teníamos que irnos de ahí cuanto antes. La policía nos buscaba
Cerré de golpe la puerta del coche. El sonido hizo que él se girara. Su cara estaba pálida y sus ojos ya habían perdido todo brillo humano. Reconocía ese momento. Corrí hacia él intentando pararle. Pero él ya había sacado la pistola. No dio tiempo a la señora a levantar la cabeza del mostrador. ¡PUM! Sonó en la tienda. Yo acaba de abrir la puerta. Me quedé paralizado viendo la sangre que caía del mostrador. Él seguía con la pistola en la mano. Nervioso, sacó un pañuelo de su bolsillo y comenzó a pulir la superficie de metal de la pistola. “Las cosas tienen que ser rápidas. ¿Verdad que sí? Si… tienen que ser rápidas…” le oí decir. Me acerqué a él. Aún podía sentir en el aire el calor de por donde había pasado la bala. Otro asesinato más. Nos estábamos retrasando. Le cogí por el hombro y le metí en el coche. Aún quedaba camino. Él iba tranquilo. Mirando por la ventanilla los coches que dejábamos atrás en la carretera. Íbamos rápidos. Él estaba tranquilo…
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