domingo, 29 de mayo de 2011

LLuvia.

He salido y ha llovido. Todo el suelo era charco. Zapatos inundados y frío en la piel. El pelo pegajoso, calimoso. He salido de casa y ha llovido. Pero ahora mis zapatos están abandonados en el pasillo. Ya se secaran. Los calcetines se han perdido en la alfombra. Gotean. No me importa. Yo estoy sentada en la silla. Con las piernas apoyadas en la mesa, mirando la lluvia a través de la ventana. Ese calor posterior a cuando las gotas de lluvia se secan sobre tu piel, me inunda. Es agradable. Un cosquilleo mágico. Pasan los minutos y la lluvia ha parado. La brisa entra por la ventana entreabierta. Vuelvo a notar el frescor típico del verano, Ya no recuerdo ese calor que da la lluvia. Ya ha pasado. No volverá hasta que las gotas me vuelvan a pillar por sorpresa. En una tarde en la que salga y no lleve paraguas.

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