domingo, 22 de mayo de 2011

Un minuto

Y fue de repente. Un tono. Un silencio. Una mirada que atravesaba hormigón. El suelo se me acercó de golpe produciendo un ruido sordo. Los ojos enrojecidos. Un espejo. Dos generaciones. Podrían haber sido más, pero no, solo hay dos. Dos personas mirándose al espejo. Incluso el silencio fue educado y se quedo callado. Estoy sola. No hay nadie en casa. He descubierto un nuevo sonido. El sonido de la gravedad. El de la atmósfera. No se que hacer. No hago nada. Simplemente respiro, y eso ya cuesta. No controlo mis pulmones. Van acelerados, como si no llegara el oxígeno. Sigo en el suelo. Veo el espejo. Un reflejo. Una persona. Ya se ha ido.

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