miércoles, 30 de marzo de 2011

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Unas cuantas horas que ni juntas llegaban a pasar de un día son las que recuerdas todos los días. Sueñas con ese momento perfecto que vivirás, pero te das cuenta que ya lo viviste y lo dejaste marchar.

viernes, 25 de marzo de 2011

Cuarta hora.


Cuarta hora. La primera después del recreo. Me tocaba ventana. Fuera el día estaba brillante, justo como están los días antes de la tormenta. Brillante y con mucho calor. El cielo azul estaba tan perfecto que hacía daño a los ojos al mirarlo. La clase era un murmullo de muchas voces. Una voz autoritaria se oía de fondo. Unas diapositivas iluminaban la pizarra. Fuera algunos jugaban al football, otros al baloncesto y un pequeño grupo estaba bajo los árboles. Una araña de patas estiradas pasa deslizándose por la ventana. Vi como pasaba de estar a mi lado de la ventana a estar al otro lado, donde estaba el aire y el campo, por una pequeña griega entre pared y cristal. Mi pequeña araña ha desaparecido sin que me de cuenta. El cielo se está volviendo oscuro, la tormenta se acerca. Pequeñas gotas comienzan a salpicar el cristal. Una oleada de quejas llena la clase antes de que quede silenciada por el sonido de la sirena. Acabo de ver un rayo. Me gusta la lluvia. Recojo mis cosas y me levanto de la silla. Aún quedan dos largas horas para que sienta que el viernes ha empezado.

jueves, 24 de marzo de 2011

My own.


Admito que pienso demasiado las cosas que con un simple gesto llego a pensar demasiado y me invento cosas que no son. Admito que muchas veces me equivoco al hablar y luego lo niego riéndome. Admito que hablo demasiado. Admito que me encanta dar saltos y admito que me encanta reírme. Me gusta correr y notar el cansancio después. Me gusta llorar viendo mi película favorita y sentarme en indio en el sofá. Me gusta el sonido de muchas cosas y admito que cuando intento explicarlo lo único que consigo es que me miren mal. Pero... me gustan muchas cosas y por que otros no lo compartan conmigo no voy a dejar de hacerlo. Esta soy yo y punto final.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Time.


Llevaba cuatro horas fuera de casa, 26 grados al sol. Sentía que los músculos solo me respondían por inercia al dar cada paso pero tu me preguntabas si estaba cansada y te decía que no. El cielo cada vez estaba más oscuro y la luna, diminuta y blanca comenzaba a aparecer en el cielo. Sentía la velocidad en mi pelo y el aire en mi cara y era algo que me encantaba. Miré el reloj. Ya solo quedaban unos escasos minutos. Me acompañaste a casa dando un rodeo que por poco nos lleva fuera del pueblo. Íbamos riéndonos y empezando muchas palabras que nunca iban a acabar. Llegamos a mi casa y nos despedimos con un simple hasta mañana...
Me vi reflejada en el espejo del portal y el cansancio, que hasta entonces había conseguido mantener a ralla pudo conmigo y me senté a pensar antes de subir a casa y empezar a improvisar diciendo que me lo había pasado muy bien con mis amigas patinando...

domingo, 13 de marzo de 2011

Así, de repente.



Era primavera desde mi ventana. Las ventanas estaban abiertas, hacía más calor fuera que dentro de casa. Acababa de parar de llover y se había quedado un día con un cielo azul perfecto, con olor a nuevo y con ganas de ser estrenado. Un pitido rítmico me avisó de que me acaba de llegar un mensaje. Lo abrí aburrida pensando que era publicidad pero el corazón, con ese arte adivinatorio que tiene, me avisó con antelación de mi error. "Qedas hoy?" lo releí 3 veces aún habiéndome enterado de lo que ponía por si era un error.
Tenía que ser un error, nunca hablaba conmigo... Le contesté nerviosa. "Creo que te has confundido de número, yo soy Laura, la chica de la clase de al lado. Un beso!" Me puse a recoger un poco la leonera que tenía como habitación cuando el sonido no de un mensaje sino de una llamada salía de mi móvil. Era él.
- ¿Pero tu eres tonta?- sonó su voz nada más descolgar.- ¡Te estaba mandando el mensaje a ti!... Que bueno, que si quedas.- Como siempre que me pasaba algo fuera de lo normal me quedé callada, podría decirse que en blanco. - ¿Laura? ¿Estas?
- Si si, si... yo puedo quedar. - dije rápido.- ¿Dónde?
- Yo te recojo, ¿Te parece bien dentro de media hora?


jueves, 10 de marzo de 2011

Eramos jóvenes.


Íbamos colocados de esa sensación que solo tienen los jóvenes. Eramos unos esquizofrénicos que huíamos de la luna. La calle estaba vacía, solo había gente desconocida que nos miraba y buscaba las botellas pero íbamos sin nada. Eramos unos yonkis del oxígeno, de la vida. Jugábamos con el vaho que escapaba de nuestras bocas y saltábamos las líneas blancas de los pasos de cebra. Era el día más frío del año y la escarcha comenzaba a invadir los cristales de los coches, pero nosotros nos fuimos a una heladería a tomar helado y granizado. No nos importaba el frío. Fuimos a los lugares más peligrosos y corrimos por las calles desiertas. Guardamos los relojes en lo más hondo de los bolsillos, no queríamos que el tiempo nos controlara pero la luna, traidora, nos avisó que el día acababa cuando dejó espacio al sol y el color volvió a las calles. Estábamos cansados, pero eso no impidió nada. Nos despedimos, era hora de volver al mundo. No estábamos tristes. Sabíamos que el mundo era un pañuelo. Nos volveríamos a encontrar.

Sentía como mi cabeza era una olla a presión, que me ahogaba. Estábamos en un campamento de verano, y hoy era nuestro penúltimo día en la playa. Era de noche, y todos estaban como locos planeando qué iban a hacer esa noche. Sabía que no iba a estar invitada a ninguna de esas fiestas, y más después de lo que había pasado. Quería desaparecer, a si que aprovechando que nadie me hacía mucho caso, me fui a la playa ahora desierta. No me fijé que él se daba cuenta de que me iba, a si que me sorprendí mucho cuando una cazadora que irradiaba un perfume que tan bien conocía y algo de calor me abrigó la espalda. Le sonreí y volví a mirar a las olas.
- Tenemos que hablar...- dijo sentándose a mi lado y pasando el brazo por mis hombros.
- ¿Y por dónde quieres empezar?- dije apoyándome en él.
- No sé, pero si quieres te cuento un cuento..

martes, 8 de marzo de 2011

Siempre.


Siempre había querido hacerlo. Dejarlo todo tal y como estaba en mi mesa y salir por la puerta. Siempre había querido ir a ese césped que me encantaba tanto. Tumbarme en él y ver el cielo. Ver como pasaban las nubes y de cómo adquirían formas únicas e irrepetibles.Siempre había querido ponerme los cascos y dejar que el sol de la tarde, ese que tanto me gustaba, impidiera que cogiera frío. Siempre había querido que de repente aparecieras por el parque y me vieras, y sin dudas te sentaras a mi lado y habláramos. ¿De qué? No lo se. Pero hablaríamos. Siempre había querido hacerlo. Levantarme y sentarme a tu lado, tú seguirías hablando. No te parecería raro. Me abrazarías y veríamos como el cielo se oscurecía y la primera estrella iluminaba el cielo. Siempre habría querido hacerlo...

Mafalda.