
Cuarta hora. La primera después del recreo. Me tocaba ventana. Fuera el día estaba brillante, justo como están los días antes de la tormenta. Brillante y con mucho calor. El cielo azul estaba tan perfecto que hacía daño a los ojos al mirarlo. La clase era un murmullo de muchas voces. Una voz autoritaria se oía de fondo. Unas diapositivas iluminaban la pizarra. Fuera algunos jugaban al football, otros al baloncesto y un pequeño grupo estaba bajo los árboles. Una araña de patas estiradas pasa deslizándose por la ventana. Vi como pasaba de estar a mi lado de la ventana a estar al otro lado, donde estaba el aire y el campo, por una pequeña griega entre pared y cristal. Mi pequeña araña ha desaparecido sin que me de cuenta. El cielo se está volviendo oscuro, la tormenta se acerca. Pequeñas gotas comienzan a salpicar el cristal. Una oleada de quejas llena la clase antes de que quede silenciada por el sonido de la sirena. Acabo de ver un rayo. Me gusta la lluvia. Recojo mis cosas y me levanto de la silla. Aún quedan dos largas horas para que sienta que el viernes ha empezado.
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